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Un subwoofer inalámbrico reproduce las frecuencias graves sin necesidad de tender un cable de audio hasta el amplificador o la barra de sonido: la señal le llega mediante una conexión por radio, Wi‑Fi propietario o un módulo transmisor específico. Solo sigue siendo necesario el cable de alimentación, lo que ofrece una gran libertad de colocación, en una esquina, junto a una pared o detrás de un mueble, donde los graves se expresen mejor. Esta es su principal ventaja, ya que la posición de un subwoofer influye tanto como su calidad en la reproducción de los graves en una estancia. El recinto incorpora su propio amplificador y un altavoz de gran diámetro, orientado hacia delante o hacia el suelo, a veces acompañado de un puerto o un radiador pasivo para alcanzar frecuencias más bajas. Libera a los altavoces principales de los graves más exigentes, que ganan claridad en los medios, y se encarga del canal de efectos de las bandas sonoras de películas. La contrapartida radica en la naturaleza de la conexión, específica de cada marca: un subwoofer inalámbrico se empareja con la barra o el amplificador del mismo ecosistema, rara vez con un aparato de otra marca, y la transmisión por radio añade un ligero retardo que los buenos sistemas compensan. El ajuste es importante: fase, frecuencia de corte y nivel deben armonizarse con los altavoces principales para evitar unos graves arrastrados o dominantes. Este subwoofer suele complementar una barra de sonido o un sistema de la misma marca; toda la oferta figura en los subwoofers, y un modelo con cable se conecta mediante un cable para subwoofer cuando no se opta por la conexión por radio.

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