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Un proyector WiFi se conecta a la red doméstica sin cable, lo que le abre dos posibilidades de uso. Primero, la reproducción directa: combinado con un sistema conectado integrado, accede a los servicios de streaming y a los archivos de la red sin dispositivo ni fuente externa. Después, la duplicación de pantalla, mediante AirPlay desde un iPhone o un Mac, Chromecast o Miracast desde un dispositivo Android o Windows, para enviar un vídeo, fotos o una presentación a la pantalla en unos segundos. Esta libertad elimina el cable tendido hasta la fuente, una auténtica comodidad cuando el proyector está fijado al techo o colocado lejos de los dispositivos. Dos reservas acompañan a la conexión inalámbrica. La duplicación de pantalla añade una ligera latencia, molesta para los videojuegos o cualquier contenido en el que la imagen deba seguir la acción al instante, mientras que una conexión por cable sigue siendo síncrona. La estabilidad también depende de la calidad de la red: un WiFi débil o saturado provoca cortes y una reducción de la definición, que la doble banda y, sobre todo, una conexión Ethernet, cuando existe, ayudan a hacer más fiable. Por tanto, el WiFi complementa las entradas físicas sin sustituirlas, y el HDMI sigue siendo la opción segura para una imagen sin compromisos. Este proyector se sitúa en la categoría de videoproyectores, se proyecta sobre una pantalla de proyección adecuada y mantiene todo su interés con un cable HDMI para las fuentes que requieren una conexión sin latencia.

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